Ir al contenido principal

El amor en los tiempos del Chikunguña

Estaba en la entrada de la iglesia del Alto del Rosario comiéndose un 'Raspao' cuando la vio salir de la misa.

Ella lucía unas sandalias doradas de escarchas, un short sin bolsillos y una blusa negra con la inscripción "sexy" en su pecho.

No le dejó tiempo para reaccionar esta muchacha al pobre turista, nada de tiempo.  Tanto fue el impacto que se le regó el 'raspao', y ella al ver lo que había provocado, sonrió.

-"Cuidao' vevé que se me mancha" le dijo con cierto tono de coquetería regetonera la bella dama al turista cuando vio lo que ocurría.

Él se intimidó, nunca había visto algo tan exótico como aquella chica con piel color lenteja, y como a cualquiera que viaja, le interesó probar cosas nuevas.

Ella se agachó por el vaso donde estaba el 'raspao' y se lo pasó. Ambos se untaron un poco las manos y no se lavaron a tiempo, por lo que la piel quedó 'pegachenta'.

-"¿Y usted tan lindo de onde es vevé, ya había venido a Honda o es la primera vez?" preguntó la dama.

-"Es la segunda vez que vengo, pero me arrepiento de no haberlo hecho antes, si hubiera sabido que hay mujeres tan hermosas como tú, viviría aquí" respondió el caballero.

-"JAJAJAJAJAJA. Óiganlo a mi tío tan chayane baygon. ¡Pues qué! ya dijo que le creí, que con eso es suficiente Pa' conquistarme" respondió la dama.

Y de hecho no se necesitó más para que aquella mujer a los 20 minutos ya estuviera en el carro de aquel hombre que acaba de conocer y se fueran juntos, perdidamente enamorados a un lugar más íntimo.

Agarraron por la variante porque aquella dama no quería "dar visaje con un pelao' intenso que se la pasaba en una moto haciendo ruido" y prefería pasear por otro lado.

El tema fue que mientras pararon al frente de la entrada del estadio, un mosquito percibió la sangre dulcecita del 'rolo', "el muchacho vivía en Bogotá y tenía un puestazo", y el olor a ‘raspado’ y se les metió sin que se dieran cuenta y los picó.

“Ay vea bebé " dijo ella con su voz coqueta al ver que el zancudo los había picado, "tenemos la misma ronchita, pa' recordanos".

Esa noche hicieron el amor " en una de esas casas históricas todas elegantes que los turistas están arreglando pa ir al pueblo de vacaciones”. Después de largos besos y de mucho aguardiente mientras ella bailaba y cantaba “dale bebé vamo a bebe”, el turista comenzó a sentirse mal, como si le hubieran dado una paliza.

Comenzaron a dolerle todas las articulaciones, no podía moverse bien. La fiebre de pronto se adueñó de su cuerpo y él no entendía lo que pasaba. La borrachera lo durmió hasta el otro día, donde ya no encontraría a su amada.

Como a las dos de la tarde decidió pararse con mucho esfuerzo y salió al pueblo en busca de un analgésico para el dolor, pero por más que recorrió cada rincón, no encontró nada abierto. “A esta hora están tomando la siesta. Tiene que pasar por ahí a las cinco” le dijo un vecino.

El turista no aguantó y se fue para el hospital, donde lo mandaron a urgencias. Después de estar casi toda la tarde y parte de la noche, lo atendieron, le dieron 20 pastillas de acetaminofén y dos bolsas de suero.

El pobre enfermo tenía chicunguña y mientras manejaba su carro para regresar a su casa, se topó con una moto que venía haciendo piruetas.  -“Cuidado gomelo hijueputa”, le gritó el piloto extremo quien además sonría sin parar con una mujer atada a su espalda.

La sorpresa para el turista fue encontrar que esa mujer era su amada y que no sólo estaba con otra persona, indiferente y como si nada, sino que además, ella no había contagiado el chicunguña. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

"El Corazón tiene más cuartos que un hotel de putas"

No sé si fue por que la hizo Gabo en el año en el que nací, cuando escribió ‘El amor en los tiempos del Colera’,  que esta frase que se extrae del mencionado libro, me llegó tanto la primera vez que la leí, hace ya algún tiempo. No sé si fue porque la leí que comencé a pensar que era cierto lo que decía el maestro Gabriel García Márquez, y antes de comenzar a vivir por los andares del amor, acondicioné esa proposición en mi vida.  Tal vez fue por eso, o porque realmente es cierto, que el corazón, o al menos el mío, tiene más cuartos que un hotel de putas. Y es un hotel grande, al que se le pueden unir socios sin términos ni condiciones, y a los que a pocos les expira la membresía; pero también es un espacio que se puede administrar a voluntad y que si es necesario, se puede desocupar para que sólo un huésped sea el dueño. Sin embargo, en esos cuartos, siempre quedarán memorias de lo vivido, de lo que pasó cuando estuvieron alojados, algún objeto que tal vez...

Extrañar lo que nunca se vivió y otras condenas

.                                      Existe una sensación horrible que parece magia: la de extrañar lo que nunca vivimos. Le llaman anemoia en español, saudade en portugués, Sehnsucht en alemán y desiderium en latín; pero a mí me gusta llamarle: «¿Por qué, hijo de puta, me pasa esto?». Es contradictorio, porque muchas cosas que sí he vivido no logro recordarlas. Comencé a darme cuenta de esto hace poco, escarbando en recuerdos que al parecer ya no tengo. En cambio, a menudo extraño situaciones que nunca viví. Y no me refiero al fenómeno que despiertan producciones como Stranger Things, que apelan a una nostalgia aspiracional conectando con los ochenteros y hasta con los que nunca vivimos en esa década que cambió el mundo para siempre. Estoy hablando de un multiverso. De esa situación en la que te quedas atrapado en la línea del tiempo paralela que creaste en tu mente, donde las cosas que tú ...

La falla se llama vida

  En días como hoy no puedo creer que detrás de esto esté Dios. No ese Dios romántico y color pastel que nos venden, ese que supuestamente tiene un plan perfecto para todo. No. Para mí Dios es un ingeniero exhausto que lleva siglos intentando reparar una falla monumental: la vida misma. Un sistema mal diseñado donde amás con todo, entregás tu alma, creás vínculos irrompibles… solo para terminar despidiéndote para siempre. ¿Qué clase de Dios cuerdo diseñaría algo así? Hoy tuve que dormir a mi perro. Trece años y medio de amor puro, de lealtad silenciosa, de compañía absoluta. Y me niego a aceptar que haya algo hermoso o trascendental en eso. No hay enseñanza. No hay “todo pasa por algo”. No hay paz. Lo único que hay es un dolor seco, áspero, frío, que te arranca el pecho y no da explicaciones. Y no quiero una carta. Ya le dije todo. Quiero encontrar una maldita cura para el dolor. Porque sé que esto se repetirá. Sé que llegará el día en que tenga que enterrar a mis padres, a mis ser...