Ir al contenido principal

Por fin tengo con quien gastarme los minutos ...

Y las noches son tan cortas para hablar. Pareciera que nos fuéramos a quedar sin palabras de tanto que las usamos. 

La distancia se acorta y te siento al lado, sentada en mi cama, cocinando mi cena, saliendo del baño para ir a darme un beso con tu nariz, acostada en mis piernas.

Te puedo ver fijamente a los ojos y recorro con mis dedos tu hermoso rostro. Me detengo a contar tus lunares en el pecho y te muerdo el pelo. Tú haces esa cara de consentida, te enroscas y los ojos te brillan como la noche en la que bailamos por primera vez.

Me gusta contarte historias y que me cuentes las tuyas porque te he podido aprender a conocer gracias a ellas. Me hace feliz saber que estás en mi vida. 

Por fin tengo con quien gastarme los minutos del plan de mi celular y te llamo como un loco que nunca ha usado un teléfono en la vida, aunque realmente me gustaría que los minutos de mi vida fueran ilimitados para poder gastármelos todos contigo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

"El Corazón tiene más cuartos que un hotel de putas"

No sé si fue por que la hizo Gabo en el año en el que nací, cuando escribió ‘El amor en los tiempos del Colera’,  que esta frase que se extrae del mencionado libro, me llegó tanto la primera vez que la leí, hace ya algún tiempo. No sé si fue porque la leí que comencé a pensar que era cierto lo que decía el maestro Gabriel García Márquez, y antes de comenzar a vivir por los andares del amor, acondicioné esa proposición en mi vida.  Tal vez fue por eso, o porque realmente es cierto, que el corazón, o al menos el mío, tiene más cuartos que un hotel de putas. Y es un hotel grande, al que se le pueden unir socios sin términos ni condiciones, y a los que a pocos les expira la membresía; pero también es un espacio que se puede administrar a voluntad y que si es necesario, se puede desocupar para que sólo un huésped sea el dueño. Sin embargo, en esos cuartos, siempre quedarán memorias de lo vivido, de lo que pasó cuando estuvieron alojados, algún objeto que tal vez...

Cuarenta años y ninguna instrucción

Hace poco pensé en hacer un video que se llamara 40 canciones y 40 películas que recomiendo antes de cumplir 40 años. Luego lo pensé mejor y me pregunté: ¿a quién carajo le importa eso? Seguramente a muy pocos. Después pensé: ¿y yo qué gano con eso? Pues nada. No sé por qué me preocupo. Caer en este reto de “producir contenido” como si fuera un deber, muchas veces sin objetivo claro, nos está distrayendo. En mi caso, no solo al crear, sino también al consumir. Y consumir. Y seguir consumiendo. Estoy tan disperso que hasta olvidé por qué comencé esta entrada. Ah, ya recordé: voy a cumplir 40 años este 26 de septiembre. Hace poco, mientras cenábamos en un restaurante hermoso en Santa Marta, Angie me dijo que me notaba afanado. —Estás más conservador y preocupado que nunca —aseveró con ese tono costeño, fuerte, guajiro, ese que me encanta. Me dijo que parecía preso de una cárcel invisible. —No logro identificar de dónde viene —dijo. —Viene de mí —le respondí, mientras me comía ...

La falla se llama vida

  En días como hoy no puedo creer que detrás de esto esté Dios. No ese Dios romántico y color pastel que nos venden, ese que supuestamente tiene un plan perfecto para todo. No. Para mí Dios es un ingeniero exhausto que lleva siglos intentando reparar una falla monumental: la vida misma. Un sistema mal diseñado donde amás con todo, entregás tu alma, creás vínculos irrompibles… solo para terminar despidiéndote para siempre. ¿Qué clase de Dios cuerdo diseñaría algo así? Hoy tuve que dormir a mi perro. Trece años y medio de amor puro, de lealtad silenciosa, de compañía absoluta. Y me niego a aceptar que haya algo hermoso o trascendental en eso. No hay enseñanza. No hay “todo pasa por algo”. No hay paz. Lo único que hay es un dolor seco, áspero, frío, que te arranca el pecho y no da explicaciones. Y no quiero una carta. Ya le dije todo. Quiero encontrar una maldita cura para el dolor. Porque sé que esto se repetirá. Sé que llegará el día en que tenga que enterrar a mis padres, a mis ser...