Ir al contenido principal

Quisiera ser una canción de reggaeton

De esas que hablan de vivir la vida sin compromiso, sin sentimientos, sin enredos. En la que solo se disfruta el sexo y se practica como estar tomando agua. Sin apegos, sin ataduras, sin ningún tipo de control y reclamos.

Me encantaría no ser un romántico que se enamora de las conversaciones, de los detalles y de las risas. Al que le impactan las caricias y los buenos tratos.

Me encantaría poder hablar con alguien desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche todos los días sin ilusionarme y solamente entender que no me quiere para una relación sentimental. Me gustaría no confundirme ni pensar en el futuro.


Pero no soy una canción de reggaeton, soy más bien como un clásico de los 80's o una balada de los 70's. Apasionado, lleno de drama, entregado y subido en una nube voladora con tan solo un beso. Incapaz de encontrar un punto medio cuando alguien me gusta de verdad. Querendón y consentido. Entregado hasta el final, sin reserva alguna.


Sin embargo, hay un mundo allá fuera que está viviendo de otra forma y no me adapto a él, me estoy volviendo obsoleto por no entender cómo se juega esto.

Es tal vez pereza, porque siempre hay que ser estratégico para todo, porque siempre hay que estar moviéndose como si uno estuviera jugando ajedrez y tal vez por eso no puedo encajar en el nuevo lenguaje del amor: yo soy simplemente lo que soy y no lo que debería ser, según los demás.

En medio de mi idealización, creía que ofrecerle amor a alguien que solo quería sexo era la mejor forma de demostrale que la valoraba, pero acabo de descubrir que es un acto machista y misogeno de closet. Que duro es esto.

Quisiera ser una canción de reggaeton, pero soy un cuento de F. Scott Fitzgerald y la verdad no sé si lo deje de ser algún día.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

"El Corazón tiene más cuartos que un hotel de putas"

No sé si fue por que la hizo Gabo en el año en el que nací, cuando escribió ‘El amor en los tiempos del Colera’,  que esta frase que se extrae del mencionado libro, me llegó tanto la primera vez que la leí, hace ya algún tiempo. No sé si fue porque la leí que comencé a pensar que era cierto lo que decía el maestro Gabriel García Márquez, y antes de comenzar a vivir por los andares del amor, acondicioné esa proposición en mi vida.  Tal vez fue por eso, o porque realmente es cierto, que el corazón, o al menos el mío, tiene más cuartos que un hotel de putas. Y es un hotel grande, al que se le pueden unir socios sin términos ni condiciones, y a los que a pocos les expira la membresía; pero también es un espacio que se puede administrar a voluntad y que si es necesario, se puede desocupar para que sólo un huésped sea el dueño. Sin embargo, en esos cuartos, siempre quedarán memorias de lo vivido, de lo que pasó cuando estuvieron alojados, algún objeto que tal vez...

Extrañar lo que nunca se vivió y otras condenas

.                                      Existe una sensación horrible que parece magia: la de extrañar lo que nunca vivimos. Le llaman anemoia en español, saudade en portugués, Sehnsucht en alemán y desiderium en latín; pero a mí me gusta llamarle: «¿Por qué, hijo de puta, me pasa esto?». Es contradictorio, porque muchas cosas que sí he vivido no logro recordarlas. Comencé a darme cuenta de esto hace poco, escarbando en recuerdos que al parecer ya no tengo. En cambio, a menudo extraño situaciones que nunca viví. Y no me refiero al fenómeno que despiertan producciones como Stranger Things, que apelan a una nostalgia aspiracional conectando con los ochenteros y hasta con los que nunca vivimos en esa década que cambió el mundo para siempre. Estoy hablando de un multiverso. De esa situación en la que te quedas atrapado en la línea del tiempo paralela que creaste en tu mente, donde las cosas que tú ...

La falla se llama vida

  En días como hoy no puedo creer que detrás de esto esté Dios. No ese Dios romántico y color pastel que nos venden, ese que supuestamente tiene un plan perfecto para todo. No. Para mí Dios es un ingeniero exhausto que lleva siglos intentando reparar una falla monumental: la vida misma. Un sistema mal diseñado donde amás con todo, entregás tu alma, creás vínculos irrompibles… solo para terminar despidiéndote para siempre. ¿Qué clase de Dios cuerdo diseñaría algo así? Hoy tuve que dormir a mi perro. Trece años y medio de amor puro, de lealtad silenciosa, de compañía absoluta. Y me niego a aceptar que haya algo hermoso o trascendental en eso. No hay enseñanza. No hay “todo pasa por algo”. No hay paz. Lo único que hay es un dolor seco, áspero, frío, que te arranca el pecho y no da explicaciones. Y no quiero una carta. Ya le dije todo. Quiero encontrar una maldita cura para el dolor. Porque sé que esto se repetirá. Sé que llegará el día en que tenga que enterrar a mis padres, a mis ser...