Sé que existe un juego en el que todos terminamos participando. Consiste en decir ciertas cosas en ciertos lugares, aunque pensemos otras. En defender posiciones que luego contradicen nuestros actos. En construir una versión de nosotros mismos que resulte más fácil de sostener que la verdad. La coherencia entre lo que uno piensa, dice y hace es tal vez el reto más difícil de la vida adulta. Y en tiempos donde todo parece dividido en bandos irreconciliables, mantenerla tiene un costo que casi nadie termina pagando por completo. Ni yo. Soy vehemente cuando respondo chats. Comparto cosas en redes que sé que pueden incomodar. Tengo posiciones frente a las que no suelo dejar demasiado espacio para los matices. Hay personas a las que no creo que el diálogo pueda rescatar. Hay causas que me generan más desconfianza que entusiasmo. Hay momentos en los que pienso que insistir en ciertas soluciones es como seguir sembrando en una tierra que ya dejó claro que no va a dar fruto. Lo sé. Para muchos...
Este espacio es dedicado a todas estas historias que alguna vez vivimos y pensamos en en escribir, pero que luego olvidamos hacerlo. Es una oda a mi infancia, mi vida en Honda, mi paso por el colegio y mis más añorados recuerdos.