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"El Corazón tiene más cuartos que un hotel de putas"



No sé si fue por que la hizo Gabo en el año en el que nací, cuando escribió ‘El amor en los tiempos del Colera’,  que esta frase que se extrae del mencionado libro, me llegó tanto la primera vez que la leí, hace ya algún tiempo.

No sé si fue porque la leí que comencé a pensar que era cierto lo que decía el maestro Gabriel García Márquez, y antes de comenzar a vivir por los andares del amor, acondicioné esa proposición en mi vida.  Tal vez fue por eso, o porque realmente es cierto, que el corazón, o al menos el mío, tiene más cuartos que un hotel de putas.

Y es un hotel grande, al que se le pueden unir socios sin términos ni condiciones, y a los que a pocos les expira la membresía; pero también es un espacio que se puede administrar a voluntad y que si es necesario, se puede desocupar para que sólo un huésped sea el dueño.

Sin embargo, en esos cuartos, siempre quedarán memorias de lo vivido, de lo que pasó cuando estuvieron alojados, algún objeto que tal vez dejaron olvidado, alguna canción que quedó sonando.
Querer a la vez a varias personas es posible, incluso hasta amarlas, si se es buen anfitrión. Pero tener los cuartos disponibles, aunque denote un profundo amor, no es saludable.

El hotel de mi corazón va a cerrar, con nostalgia y un poco de melancolía, pero con toda la ilusión del mundo. En esos cuartos van a quedar para siempre los mejores recuerdos, los mejores sentimientos y no sé si algún día vuelvan a estar disponibles.

Ahora, sólo quiero entregarle mis llaves a un sólo huésped, a una sola persona que se vuelva ama y dueña absoluta de todos los impulsos y de todos los deseos.
Gabo, gracias por darme esta lección, porque fueron unos grandes años en los que pude querer a voluntad a todas mis huéspedes.

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