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Los daños del viajero errante

Varias veces me despedí de ella sabiendo que era mentira, que los días, los meses o los años, me podrían otra vez en su desnudes.

Varias veces me fui, sin ningún remordimiento, sin despedirme siquiera, sin avisarle, sin que se diera cuenta y solo el dolor de mi ausencia le avisara de mi partida.

Lo hice porque sabía que cuando volviera la encontraría nuevamente esperándome, dispuesta a perdonarme y a amarme, dispuesta a volver a recibirme sin reproches.

Varias veces la olvidé y la saqué de mi cabeza, más nunca de mi corazón.

Le contaba las historias de mis otros amores, de mis desvaríos, de mis sueños y pesadillas. Ella escuchaba con calma y sonreía.

Solía decirme que me quería más de lo que yo me quería, que me quería sacar del valle oscuro por el que siempre terminaba metiéndome.

Quería que  esas charlas de cama nunca se acabaran; pero cuando amanecía, el sol se ponía y todo volvía a la normalidad me daba cuenta de que nada podía ser y otra vez me iba.

Fui matando el amor que ella me tenía con cada ausencia, con cada partida sin darme cuenta. Las oportunidades se fueron acabando- que iluso pensar que eran eternas- y sus sentimientos se fueron marchitando hasta volverse cenizas.

La última vez que volví todo estaba oscuro, apagado y cerrado. Ella estaba sentada en un mecedora observando un cuadro que me pintó 2 veces, levantó su cara, estaba triste.

Me miró con sus ojos penetrantes que esta vez no tenían fuego, solo cenizas. No aguardaba por mí, sino por alguien que las removiera para darle espacio al nacimiento de nuevos sentimientos.

Sentí que no me reconocía, parecía otra hasta que se paró de la mecedora y me señaló con su dedo índice derecho. Vestía de negro, pese a su aspecto sepulcral, lucía hermosa.  No pude evitar pensar en las veces que la tuve encima mío, apretándole con mis dos manos su cintura con fuerza mientras ella se retórica de placer dibujando su largo y hermoso pelo en el aire.

- Vete muy lejos, porque cada vez que vienes, me revuelves el corazón. Quieres compañía, buscas a alguien, luego te asfixias y te vas , para volver a buscar compañía. Ya no estoy para esto,  y aunque me costaron muchos años, aprendí a quererme mucho. Te enterré, te velé, te hice luto, aún te lo hago. 

Pero ahora te pido que me entierres tú también. Vete muy lejos, como si hubiéramos muerto - Me dijo entre lágrimas desconsoladas.

- Te quiero - le dije, sabiendo en el fondo que era lo justo - Un pedazo tuyo será mío para siempre -
Siempre la amé, siempre. Pero le hice más caso al miedo que le tuve a una bruja, que a mi amor.
Ahora tendré que enterrarla yo también, volverla ceniza, y aguardar por un barco que me lleve lejos de aquí, a un lugar donde pueda arrojarlas sin que me duela tanto. 


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