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¿Y ahora qué sigue?

Foto: Tomada de internet. 

 

Cuando uno termina una relación es inevitable sentir que fracasó. Por más que te repitas que las verdaderas derrotas son aquellas de las que te levantas sin haber aprendido nada o que Daniel Habiff te grite todas las mañanas que debes ser fuerte, que debes entender que todo en la vida tiene finales y que si tomas un vaso de agua se te quita la sed, el sentimiento de que fracasaste no se te sale ni a punta de jabón rey.

Y uno intenta decirse todos los días que no fracasó, que esto es un proceso, que así es la vida, que está llena de aprendizajes, que para la próxima relación vas a estar mejor, que ya sabes qué tienes que cambiar, que debes buscar a una persona que realmente te quiera por lo que eres, que es mejor estar solo que mal acompañado, que el amor propio es lo más importante, que para qué seguir en una cosa que igual iba a terminar fallando, que la soltería te permite darte espacios que habías perdido y encontrarte contigo mismo, que has pasado por peores y has salido adelante, que tienes muchos amigos con los que puedes pasar bien el tiempo, que te debes enfocar en ti y en las cosas que quieres para construir el futuro, que es una oportunidad para conocer a nuevas y maravillosas personas, que debes ser fuerte porque ya eres grande y tienes mucha experiencia, que nadie se ha muerto de amor o desamor, que todavía estás muy joven y mujeres es lo que hay en el mundo… Todo eso, al final de día, termina sirviendo para lo mismo que servía decir que no clasificamos a los Mundiales del 2002 y 2006 porque nos hizo falta un golecito contra Paraguay o porque Argentina había arreglado con Uruguay un empate: la verdad es que cuando uno termina una relación larga sí fracasa.

Si eres técnico de fútbol y te propones quedar campeón y no quedas campeón, fracasas. Si eres el comercial de una multinacional y tu meta es vender al menos cinco millones de dólares al año y solo vendes tres, fracasaste.

Bueno, al menos yo lo veo así. Hay gente que puede verlo de otra manera y pensar de otra manera, es completamente respetable. No pasa nada, cada quien vive los procesos de forma distinta. Cada quien afronta las pérdidas a su manera. A algunos les da tristeza y a otros, rabia, como a mí. Así que, si me ven por esos días y ando molesto, no se lo tomen personal.

A mí me gustaría tomar la cosa de otra forma. Ojalá pudiera tener la facilidad de Karol G de reducir una tusa a una canción de reguetón que hable de las cosas básicas y superficiales de esta etapa. Y solo quedarme ahí en ser una “chica mala” que solo le entra la depresión cuando le ponen la canción y el resto del tiempo está oliendo a látex y a cloro de tantas veces que se la han ingerido los oportunistas que salen a cazar mujeres desequilibradas y vulnerables.

Porque, ‘bb’, el mico sabe a qué palo trepa. No es tan cierto eso de que eres la reina de la noche y haces lo que quieres, no. Simplemente, muchas veces, caes en las garras de alguien que ve más de lo que tú te imaginas y es feliz haciéndote creer la dueña del mundo.

Pero no soy así. A veces me entra el bajón sin ninguna canción, sin ninguna explicación. Voy caminando bajo un cielo azul, despejado y con un bondadoso sol y de repente encima mío y solamente encima mío comienza a llover.

Hay días en que es viernes y yo siento que es domingo. Que siempre es domingo. 

Y la soledad… Por Dios, la soledad.   Gracias al cielo existe mi gato. Antes yo era un tipo que disfrutaba estar solo. Me sumergía en los libros, en el fútbol, en las películas, en la escritura, en las canciones bañadas de cerveza, en los cigarrillos nocturnos y no pasaba nada.

Sin embargo, ahora mismo la soledad me parece improductiva. Y no tiene nada que ver con eso de que no puedo estar conmigo mismo o todas esas pavadas que se inventan para condenar a los que no nos gusta la soledad. Es porque pensé que cuando llegue a viejo voy a estar demasiado tiempo solo y necesito crear ahora recuerdos buenos que me sirvan de consuelo en esos días, que me ayuden a vivir otra vez. Pero si estoy solo ahora, cuando sea viejo y esté sentado en una mecedora esperando a que alguien me llame, me voy a acordar de los mejores años de mi vida  y me voy a ver estando solo, esperando a que alguien me llame para hacer algo. No quiero ser viejo ahora, pero sé que necesito estar solo para volver a escribir.

Yo veo que hoy en día es una tendencia amar la soledad. Dicen que lo que más aman es llegar a casa y meterse debajo de las cobijas y estar solos. Que no hay dicha más grande que esa.

Pues déjenme decirles algo. La mayoría son unos mentirosos, hipócritas y embusteros. No aman estar solos. A muchos de esos que dicen amar la soledad siempre los puedes encontrar en línea en cualquiera de sus redes sociales, activos sin cansancio. Además, tienen cuanta aplicación para conseguir pareja existe y al menos unos 20 chats abiertos. Papi, mami, no se digan mentiras, a ustedes no les gusta estar solos…

Aunque no los juzgo. A mí también me gusta decirme mentiras todo el tiempo.  Por ejemplo, creer que sería para siempre. Porque hay relaciones que están destinadas a terminar y no pueden ser salvadas por más que uno lo intente una o diez mil veces más. Pero la mayoría de seres humanos somos así, tóxicos y masoquistas, y nos damos la pela aún sabiendo que vamos perdiendo.

Un ejemplo claro está en los fumadores. Les pueden poner cuanta imagen desagradable exista del cáncer de pulmón o de garganta y ellos siguen ahí, firmes dándole al pucho.

Pero en fin… Es un proceso (la tusa) que hay que llevar. Ahora mismo me siento así. Lo bueno es que tengo el derecho a cambiar de opinión y tal vez en unos días me sienta diferente. Y aunque estoy convencido de que poner punto final a esa historia fue la mejor decisión que he tomado en mucho tiempo, no deja de dar duro el sentimiento de fracaso y sobre todo en noches como esta en las que me doy cuenta que me he quedado con un baúl cargado de ilusiones y proyectos y con un corazón que me pregunta ¿y ahora qué sigue?
           

Comentarios

  1. Me gusta la esa definición de tusa me identifico . Sigue escribiendo y dándole amor a ese gato

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