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Extrañar lo que nunca se vivió y otras condenas


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Existe una sensación horrible que parece magia: la de extrañar lo que nunca vivimos. Le llaman anemoia en español, saudade en portugués, Sehnsucht en alemán y desiderium en latín; pero a mí me gusta llamarle: «¿Por qué, hijo de puta, me pasa esto?».

Es contradictorio, porque muchas cosas que sí he vivido no logro recordarlas. Comencé a darme cuenta de esto hace poco, escarbando en recuerdos que al parecer ya no tengo. En cambio, a menudo extraño situaciones que nunca viví.

Y no me refiero al fenómeno que despiertan producciones como Stranger Things, que apelan a una nostalgia aspiracional conectando con los ochenteros y hasta con los que nunca vivimos en esa década que cambió el mundo para siempre. Estoy hablando de un multiverso. De esa situación en la que te quedas atrapado en la línea del tiempo paralela que creaste en tu mente, donde las cosas que tú tenías planeadas sí funcionaron. En donde la relación que tanto quisiste nunca terminó. Donde esa fatídica noche nunca existió.

Donde sí hicimos ese viaje que quedó pendiente y seguimos viendo atardeceres juntos. Donde sí nos mudamos. Donde sí planeamos nuestro matrimonio. Donde sí nos casamos. Y ahí es donde comienzo a extrañar charlas de cama que jamás se dieron; películas, libros y series que jamás vimos ni leímos; las cenas que nunca te cociné, los encuentros apasionados que nunca ocurrieron, los domingos en compañía.

Extraño cosas que nunca me pasaron y creo que es por eso que su ausencia se siente como si hubiera sido hace poco, aunque la verdad es que ya te fuiste hace mucho. A veces me siento tonto por haberme quedado a vivir solo en este multiverso maravilloso, pagando el precio de una felicidad imaginaria, mientras tú eres libre en una realidad donde yo ya no existo.

He entendido que la única forma de salir de este laberinto no es buscando la salida, sino dejando de correr tras un fantasma. No se puede habitar una hipótesis. La madurez, quizás, consiste en ese acto sobrio y silencioso de perdonarse por la vida que no fue, para tener la decencia de honrar la única que sí nos pertenece. Lo demás es ruido; y yo, por fin, elijo el silencio de lo real.







Comentarios

  1. Me niego a creer que exista un mundo donde la huella imborrable de otro ser humano no nos tenga a todos pasando por esto mismo

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  2. Hola mi bebé hermoso y precioso del mediterráneo. Eres espectacular, me encantó tu feedback, lo amé. Gracias por leerme siempre y apoyarme, pero además, inspirarme.

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  3. Es delicioso fantasear en mundos paralelos, y tener conversaciones que nunca existieron, ni pasarán, es delicioso cuando nos gusta y nos entretiene, pero creo que eso mismo hace parte del descontrol mental en el que nos encontramos, pues nuestra imaginación llega a privarnos de nuestra realidad y manipula nuestro estado de ánimo, y nos frustra o nos entretiene y si todo está bien y son fantasías inocentes, ¡Hurrai! es genial, podríamos llamarle entonces Henry, pero cuando son fantasías que nos laceran, nos frustran y nos roban La Paz se convierte en el monstruo más poderoso y perturbador de nuestra existencia y podríamos entonces llamarle Vecna.

    Saludos

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    Respuestas
    1. Hola este comentario me parece brillante y es una analogía maravillosa y que además entiendo de maravilla y me fascina. ¿Quién lo hizo?

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    2. Una admiradora secreta 🤫💋

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